En el mundo actual, es un asunto axiomático, una base absoluta y casi indiscutida aquello de la "belleza interior". Que el físico no es trascendente, que hay que quedarse más con los aspectos abstractos, que "mejor calidad, que envase".
Todo ello está ligado a una historia del pensamiento occidental, donde como factor fuerte aparece la Iglesia Católica de los primeros siglos, coincidiendo con los últimos del Imperio Romano. Este panorama estaba dominado por el Neoplatonismo. Es precismente a nuestro barbón griego (que ya tuvo una aparición fugaz en este blog, allá por lesbos) a quién debemos la supremacía de las Ideas. Su pensador rival (no el único, pero ellos dos son los más famosos), Aristóteles, no vería desenterrada su cultura si no hasta la Alta Edad Media, con lo que el Neoplatonismo y su doctrina idealista tendrían espacio para asentarse a sus anchas.

No podemos concebir al ser humano sin su cuerpo, no en su vida fisiológica, por lo menos; por ello, o lo aceptamos como un ser de escencia Cambiante, o simplemente, desechamos el asuntillo de la Trascendencia

Platón ve al mundo sensible como una burda mascarada, como una irrealidad deformada de una realidad superior, el "Mundo de las Ideas". Pero ¿Cuándo está en contacto el Ser Humano con dicho mundo? Antes y Después de La Vida. Por lo tanto, esta idea de desprecio al mundo sensible está íntimamente ligada a una idea de trascendencia. El Ser Humano, en cuanto esté vivo, por lo menos lo que llamamos fisiológicamente vivo, no tiene acceso a este mundo ideal; de ahí la concepción del cuerpo como una "cárcel" que impide la maravilla de aquel mundo. Ahora, quisiera detenerme a pensar un poco en esto. Si pensamos el Ser Humano, desde un principio holístico, no podemos así como así deshacernos del cuerpo (¿deshacernos del cuerpo? suena a asesinato): Es parte de lo que él es.
Por ello, al considerarlo, y buscar en él "lo bello", el cuerpo debe ser considerado; independiente de si, en algún momento, el Humano existe en independencia de lo corpóreo. Pues el Ser Humano es Dinámico; mientras el cuerpo sea parte de él, es susceptible de ser Físicamente Bello. Aunque después no.
Ahora, según Platón mismo, el ser humano conoce atado a su cuerpo. No podemos pretender juzgar aquello que no conocemos. Por ello, si aceptamos el postulado de Trascendencia, igual nos tenemos que ceñir a que mientras nuestra escencia esté ligada a lo físico, iluso resulta tratar de evaluar la belleza fuera de ello; es como tratar de ver en cuatro dimensiones. Podemos especular. Pero no más que eso. Mientras seamos corpóreos, intentar disminuir eso es intentar renegar de nuestra escencia. No intentemos desenfocar nuestro lente. El lapso que podemos ver es una vida. Nuestro límite es aquél. Y nuestro código, la materia. Hablar de la eternidad no tiene sentido aún.
Por eso, yo creo que quedarse en el "intelectualismo" de supravalorar la abstracción por sobre la concreción, especialmente en el plano de lo estético, limita demasiado. Y produce efectos contraproducentes: por ejemplo, cuando hablamos de música, siempre existen discusiones sobre ésta, tanto a nivel común, como a nivel intelectual. Sin embargo, con lo que llamamos belleza física, salvo del límitado espectro de lo pictórico, poco existe de elaboración, por considerarse algo "poco intelectual"; Resultado, se imponen cánones simplistas de qué lo que es la hermosura.
Y no sé, como que el simplismo me saca roncha, así como tanto pecho y tanto trasero en la televisión... y le echo la culpa a Platón.