... las Stratos. Pues sí, créalo ud. o no, respetable lector, agraciada lectora, su humilde servidor, redactor de este blog, salió hoy, lo que se dice, de compras. O en buen castizo chileno, se fue a vitrinear. Jamás de shopping, no señor; eso lo hacen las niñitas de papá. Y bueno, ¿qué es lo que vitrinea un personajillo tan singular?

Pues que claro, me fui a ver guitarras (si ud. estaba esperando un link en "guitarras", la cagó de inculto... igual, búsquelo en la wikipedia)(¿qué, nunca ha entrado en la wikipedia?). ¿Pero cómo? ¿Con que presupuesto, por favor? Porque yo no voy de vitrineo como harían las mamis, nooooo señor, nada de mirar todo y ejecutar nada, no, no sirvo para activar las papilas gustativas y dejar al estómago mirando el techo. Yo iba a decidir. A decidir, auspiciado por mi señora madre, que Dios y la Compañía Telefónica (léase: el bien y el mal) me la guarden de todo daño: que no sé que cosa le dio (no me quejo), que, en egresando de esta, mi etapa Media de la Educación Chilena, y cumpliendo con todos los Planes y Programas Obligatorios instituidos por nuestro Ilustrisísimo Mi(ni)sterio de la Educación, se me acerca y me dice quedito: “...Juan - Ignacio, en Audiomúsica, una guitarra eléctrica, nuevita y todita para ti, te espera...”. Con el consiguiente respingo y parálisis de todos los pelos de la nuca, mamá pero cómo, pero si no hay plata, pero gracias, pero cómo se te ocurre, y todas las fórmulas que uno, quiérase o no, utiliza en estas situaciones.

Como les iba narrando, iba ya a hincarle el diente al asunto; claro, tras quemarme los párpados en esta cajita idiota, averiguando cada detallito interesante que pudiese salir respecto de la presa en cuestión. ¿Y la presa en cuestión? pues ni más ni menos que la ultraclásica Fender® Stratocaster® Standard MIM (sí, ese es el nombre completo). La mismísima, la de David Gilmour, Eric Clapton, Jimi Hendrix and so on. Obviamente, no era el top de la serie, si no su hermana menor, de ahí el MIM: Made in México. En la planta procesadora de Ensenada Valley, donde desde hace años, fieles al espíritu que inspirara atrás en la década de los 50’s a Leo Fender a hacer nacer la guitarra que... blablablabla. El asunto es que yo era (creo que esto del insomnio internetístico me permite decir “era”) un absoluto lego en materia de guitarras. Mi madre, sabia mujer, acudió al profesor Rodrigo Gatica and Legions (léase por legions el ejército de profesores de música que parecen brotar bajo su alero) a preguntar, con su mejor cara de mami despistada, qué guitarra sería la más apropiada para su querubín (en esta etapa los Credits también van para mis hermanas), ahora después de tanto tiempo que le conocía el ritmo. Y el profesor disparó sin dudarlo el nombre de la mentada. Cuento corto, mi madre busca en el catálogo, y ve tres bicharracos con el nombre: American, MIM, MIJ (Japan). Pregunta de nuevo. Respuesta del profesor: “La jota no es por Japan. Es por ¡Jamás!”. Y la American Series tiene suficientes ceros como para autoexcluirse. MIM gana la ronda.
Y por lo mismo, J-I se pone a investigar. ¿Cuál es el big deal de las MIM? son la ruleta rusa. Se repite en todos lados: o te salen muy buenas, o te salen como puertas. si tienes suerte...
Y a eso iba yo. A apostar por ganador. Pero por ganador seguro. El animalillo tenía que probarse campeón, o quedarse bien colgadito, esperando un comprador más incauto y menos informado. Porque no, yo ya sabía que si no era cuerpo de Alder, ni hablar, y que si el cuello no es de maple mejor sáquele una foto y quédesela usted. Y mucho más importante: que los dedos tienen la última palabra, no las F en la palita.
Imagínenme, con mi polerita de Pink Floyd, guardada sin usar especialmente para la ocasión, mi set de uñetitas regalonas (0.46 híperblanda, 0.81 rígida, 3.0 mini), mi slide, y cientos de miles de líneas leídas resonando en mi cabeza sobre como elegir bien, sobre qué cosas fijarme en una Strato, sobre qué sí y qué no, and all of that. Y por sobre todo, mi absoluta incertidumbre, el no saber realmente qué es lo que quiero, que necesito, a qué lo que voy. ¿Realmente me daría cuenta si es de Alder, o me ponen en las manos un vil Basswood y me pasa piola? ¿estoy de este tamaño? ¿o soy pez de río jugando en el mar?
Y llego allí.
- Buenas tardes. ¿Lorenzo León? - El muchacho es un contacto del Profe Gatica.
- Ahí está, espérelo un momento que está atendiendo.
Me paseo por el lugar. Un tipo ataca una Ibanez, ultrarápido y ultraantiemotivo. Y me doy cuenta que ha pasado el tiempo. Antes más notas por segundo era mejor; ahora no me dice nada. Sí, estoy cambiando. Ya no me interesa que el cuello sea ultrarápido; ahora me interesa que la madera resuene. Ahora me estoy poniendo viejo. Casi vintage, pero prefiero no usar el término, porque tiene esa extraña resonancia a... bueno, a “caro”. Y ya estoy ahí. Breves palabras explicando el caso, María - Soledad, sí la señora de la Stratocaster, hela aquí.
Y aparece el dichoso paquete, bien enfundadito, única Fender de toda la tienda (no es que tenga especial devoción por la Fender, es que la Fender tiene especial devoción por sí misma... y por los ceros. Así que la gente se compra el cuento. Incluido yo, que ya me tenté con que sea Fender Stratocaster and all... además que si me da por revenderla, It’s still a Fender). Lorenzo, con la proverbial torpeza de quienes trabajan en una tienda musical, rompe un pedazo de la caja, al tiempo que sostiene a mi eventual pareja desde su mástil de maple-rosewood, que es lo mismo que decir Arce-Palorosa. Mástil que viene en cortísimos 21 trastes, demasiado poco para cualquiera con imaginación...
Y ahí estaba, entre mis manos. Primera impresión: Simple pero lindo. Negra, pickguard blanco, Single - Single - Single. Veamos como suena el bicho. La idea era partir sin amplificador, pero vamos, la tienda no es lo que se dice silenciosa. Así que conectando... y probando.
Todo aquello que les han dicho... es verdad. Es versátil. Suena muy bien. Su cuerpecillo (que es más bien regordete, así que dejémoslo en cuerpo) de Aliso (¿no había dicho Alder? es lo mismo) resonaba de las maravillas, aunque el espacio dejado para el mecanismo del Trémolo hacía función de caja de resonancia, con ese efecto “hueco” que no siempre uno quiere. Selector de cápsulas blando; demasiado blando para mi costumbre. Y el mito parece que es real, porque le di al trémolo sin mucho respeto, y no desafinó. Eso sí, subida durísima en el trémolo. Mucho. Demasiado. A full, me daba un tono. UN TONO!! Mr. Fender, that’s way too little. Pero bueno. No sé si será el efecto placebo, o que esa cosa de Single Coil = Sonido Cristalino sea verdad. Pero setié el amplificador en plano. Y cielos, esas cápsulas tenían personalidad, muy rico y variado el sonido.
Al parecer, todo pasando.
Al parecer.