Y es que no hay plano intermedio con la tía Cecilia.
No tía, esa manera de hacer entender a los alumnos que son unos idiotas, de emputecerse con suavidad, delicadeza y tank-style answers frente a las preguntas repetitivas... Oh, esa sonrisa malévola, la risa de Frankenstein.
Sí, por la risa de Frankenstein empezé a odiarla. "Y la persona... se muere... JAJAJAJA!!!" o mucho mejor, "Si al final siempre les va mal, no entiendo por qué se preocupan tanto... JAJA".

Pero entonces todo cambió. Me iluminó la luz divina y entendí su manera de hacer clases, su dedicación arrobadora en los pasos prácticos, su disposición absoluta a las preguntas bien hechitas al final de cada tema...

La amo y la odio: ésa es mi verdad.