Aló, aló, sí sí, probando, pro baaaaan dooo. ¿Usted se figuraba que esto estaba muerto, acaso? Bueno, yo también, y bien de figurines que estábamos, lo único que soplaba por acá eran los vientos del Hades y bien helados dígase de paso. Entonces venga y me doy cuenta que se me está olvidando cómo tender unas palabras de manera medianamente digna y eso está mal como que lo digo yo. ¿Y entonces, qué haremos, si no es llamar al de las antenitas de vinil? Abrir el viejo guardapolvo virtual. Los ingenuos que hacen esto suelen largarse una retrospectiva de sus vidas en technicolor y real-time-action que mata hasta el más insomne de aburrimiento detallando cada parpadeo del tiempo que estuvieron “fuera del ruedo”. Como a mí lo que me chorrea es el oficio (justo por debajito del orgullo, sépase), me salto el impasse y resumo:

Dicen los psicoanalistas que la gente escribe para liberar sus pulsiones reprimidas. Y algo de razón tienen, lo que en definitiva se entiende como que la vida me trata dadivosamente y con su mejor cara y eso redunda en que no pongo un huevo, mucho menos un post. Actualmente mi disco de cabecera es IN RAINBOWS de los extraterrestres esos, y se lo recomiendo si de algo le interesa.

La parte de la actualidad: Hoy fui al MusiCircus, un aparatoste de John Cage (foto del mortal combat y del viejo). Lamentablemente, me refiero al caballero de canas, no al mono del Mortal Kombat. Poco rescatable, miles y millones de números musicales al unísono. Menciones: el tipo que tocaba serrucho, la niña que tocaba copas de agua.

Pero yo iba con un doble objetivo al mamarracho: Había un Chapman Stick, y un Theremin. Ahí les van unos videos genéricos del tutubo, para que tengan la idea:

Lo voy a poner de este modo; el sujeto me dejó tocar el Theremin. Ah, y me llevé su tarjeta and all, el sujeto los fabrica y yo quiero uno si la plata alcanza.

Eso. Actualizaré, compañeros!