Este post es la respuesta a un muy interesante comentario
dejado por Alanskov, que desgraciadamente no dejó dirección para ir de visita y devolver el feedback, que siempre se estima y agradece. Lo dejo como post por la extensión, y para destacar lo importante que es el cuestionamiento y la contraposición de argumentos.
Estimado Alanskov:
Me parece muy bueno recibir este tipo de feedbacks, de discusión frente a lo que se escribe. Soy de la idea de que nadie posee la verdad, y por lo mismo, todo lo es.
Es bastante posible que con una dosis moderada, el daño físico inmediato de cualquier enteógeno resulte disminuido; el daño que yo señalo es mucho más sutil, más imperceptible, en el corto plazo, pero mucho más irreparable.

Los enteógenos, alucinógenos, estupefacientes, interventores de conciencia/pensamiento/ego todos, actúan a nivel de SNC (Sistema Nervioso Central). Es decir, a nivel de tus neuronas de asociación. Es una creencia errónea la postulada por algunos "defensores" (entre comillas porque no me gusta lo de ataque-defensa, son sólo diferencias de opinión), de que ciertas drogas aumentan tu capacidad de percepción. Esta afirmación implicaría un aumento de la capacidad de tus neuronas sensoriales, las que conforman las vías aferentes de la información; es decir aumentar el espectro de tus órganos receptores de vibraciones, sean lumínicas, sonoras, o mecánicas. Una sobreexcitación, o una agudización en dichas neuronas (presentes a lo largo de todo tu cuerpo) sí implicarían tal ampliación.
Pero esto no es posible.
Para lograrlo, se requeriría modificar la estructura histológica completa, puesto que si tus ojos captan ciertas longitudes y frecuencias de onda, es porque tus conos y bastones tienen tal capacidad, responden por su forma y sus características evolutivas a ello. Se requieren millones de años para cambiar esto.
Lo que realmente sucede, es a nivel de asociación. Es decir, no es la información que recibes la que cambia; es que lo que haces con dicha información. Luego de recibir el impulso, la neurona sensorial la transforma en un impulso eléctrico, para comunicársela, o a la médula espinal, o al cerebro, mediante una sinapsis. Es en este nivel donde los enteógenos actúan.
La información de neurona a neurona se transmite más comúnmente por medio de neurotransmisores, sustancias químicas que se liberan desde la neurona presináptica (la que recibió el impulso físico, en este caso), a una distancia muy cercana de la neurona que tiene que recibir la información, postsináptica. El neurotransmisor difunde por el espacio que separa las neuronas, hasta llegar a su objetivo, donde es reconocido por receptores especiales de membrana, proteínas que calzan de forma exacta con cada tipo de neurotransmisor. Con este calce, la neurona receptora "sabe" que debe a su vez, iniciar un nuevo impulso eléctrico, para elaborar junto a otras neuronas del Sistema Nervioso Central, una respuesta, que luego comunicará a las neuronas efectoras, que dan a su vez la instrucción a los músculos que controlan todo el cuerpo, o a glándulas que secretan hormonas para dicho control. El neurotransmisor, luego de ser "encajado" en la neurona receptora, debe ser retirado más o menos rápido, puesto que una estimulación constante puede tener efectos severos sobre la neurona.

Una droga alucinógena puede afectar a los siguientes niveles:
- Haciendo que se liberen neurotransmisores cuando no corresponde. Esto produce las parestesias, sensación de recibir un estímulo físico cuando en realidad "no hay nada". Además, esto puede provocar un uso excesivo de neurotransmisores, enlenteciendo las próximas sinapsis.
- Fomentando la liberación excesiva de neurotransmisores. Producirá que la sensación que llegue al cerebro sea muchísimo más intensa que la que realmente se recibió en el cuerpo, así como mucho más duradera.
- Actuando él mismo como un neurotransmisor. Una de las más peligrosas. Ciertas drogas tienen formas muy similares a los neurotransmisores, por lo mismo, el receptor de la neurona de asociación no distingue entre ellos y se desencadenan pensamientos sin ningún estímulo inicial, con el riesgo añadido de que el cuerpo no tiene cómo retirar el neurotransmisor, por lo que la estimulación es continua.
- Impidiendo el retiro del neurotransmisor. En vez de reconocerse con el receptor, hay drogas que son muy similares al neurotransmisor según su forma de ser retirados para detener la sinapsis. Por ello, ocupan el lugar del neurotransmisor en las vías que los sacan del sistema, por lo que el neurotransmisor no es retirado y continúa haciendo una sinapsis constante.
Hasta ahora, como se puede ver, lo que hacen las drogas es simplemente utilizar las vías naturales de pensamiento presentes en el cerebro, por lo que podríamos llegar a suponer que no alteran el orden de nuestra mente. De hecho, así mismo se ha pensado en el principio con muchas drogas, es cosa de recordar que Bayer (sí, los muchachos de la Aspirina) comercializaba Heroína, cuyo nombre venía de su promoción como la "droga héroe" que venía a curar Europa.
El peligro radica en que todos los mecanismos descritos tienen un punto en común: Sobreexcitación de la neurona receptora. Ahora bien, el cuerpo es capaz de detectar esto, y genera estrategias para lidiar con ello:
- Disminución de receptores: Para evitar esta sobreabundancia de información, el cuerpo genera lo que llamaríamos en audio un filtro-paso-bajo. No importa el exceso de información, la neurona receptora reduce su capacidad para incorporarla, para volver a estándares normales.
- Baja producción de neurotransmisores: En vez de afectar a la neurona receptora, puede hacer que desciendan los neurotransmisores disponibles para comunicar la información.
- Aumento de umbral: También afectando la neurona sensorial (la que entrega los neurotransmisores), puede hacerse que se aumente el umbral, es decir, que necesite impulsos mucho más intensos antes de percibirlos como información comunicable.
- Desconexión de redes conflictivas: Si las estrategias anteriormente mencionadas resultan insuficientes, el cuerpo puede simplemente "apagar" sectores nerviosos que le resulten incómodos o peligrosos. E l problema es que no sabe volver a encenderlos.
Lo común a todas estas estrategias del cuerpo, es que nuestra capacidad asociativa, en ausencia de la droga, se ve mermada. A largo plazo. No hablamos, en todo caso, de drogas "duras"; los efectos de dismincuión de neurotransmisores se han descrito para la marihuana en un plazo de consumo habitual superior a cinco años.
Ahora bien, esto es el background para la respuesta. Haces una importante distinción: Dosis reguladas. El problema, alanskov, es que para determinar la dosis regulada de una sustancia como el LSD, se requerirían los 10 años de Universidad para ser médico neurólogo. Dado que son sustancias no consideradas evolutivamente (no forman parte de los productos estándares de la dieta de la especia), el cuerpo no tiene dentro de su cóctel enzimático, degradantes capaces de hacerse cargo de ellos. Posee soluciones alternativas, combinación de enzimas, y otros que le permiten una respuesta indirecta; pero por lo mismo, ello varía de organsimo a organismo, haciendo de la dosis "moderada" una ciencia en extremo inexacta - y por los riesgos en juego, en extremo peligrosa. Eso, en la posibilidad de uso de LSD, en el que conocemos exactamente el gramaje a ingerir; en el caso de un alucinógeno natural, como el peyote, o cualquier hongo, la dosis resulta aún más inexacta pues depende del período de maduración del producto, su tamaño, etapa reproductiva, nutrición, ambiente, etcétera. Como cualquier producto medicinal, un alucinógeno desbalanceado es peligrosísimo. El problema es que a diferencia de otras drogas, no existe aún cómo balancearlas.

Luego, la dosis necesaria para producir parestesias oculares (visiones), sin entrar a discutir que realmente abran a otros estados de existencia (que bien puede ser, dado que la existencia es algo bastante personal e interior), debe ser bastante elevada, y por lo mismo, conduce a efectos "cortocircuitantes". Las neuronas operan cambiando su potencial eléctrico de negativo a positivo y viceversa, para transmitir su información. Una sobrexcitación de estos mecanismos "gasta" los sistemas eléctricos de la célula, eventualmente inutilizándolos, friéndolos, como pasaría con un enchufe sobrecargado.
Sin embargo, vuelvo a reafirmar que es una cuestión de opción. Yo, Juan - Ignacio, no consumiría drogas, por el riesgo al que someto una de las pocas cosas valiosas para mí; mi mente. Otras personas sí están dispuestas a correr el riesgo, y es válido; al fin y al cabo, allí por los 80 años, todos seremos pienso de gusano. Algunos ingieren drogas para alcancar estados de conciencia superiores; otros se plantean el reto de llegar allí por sí mismos. El problema siguen siendo aquellos que utilizan drogas para huír de la realidad que ellos mismos ayudan a crear, una realidad que no los satisface, donde se dejan llevar por seres igual de dormidos que todos ellos, en un sistema que cree prohibiendo drogas se elimina un problema, como si la droga en sí misma fuese la cara de un demonio; cuando es sólo la máscara, y el demonio está en el objeto que se les da.
Ay, me quedó un poco LARGO...
Gracias a la Wikipedia, me declaro admirador eterno.
Interesante Artículo sobre uso médico de la Psilobicina.